"Los servicios sociales británicos permitieron ayer que la madre de un niño que con sólo ocho años pesa 89 kilos, mantenga su custodia".ADN. 28 de febrero de 2007.
El niño Connor es noticia en toda Europa porque es gordo, y porque por primera vez en la historia del progreso europeo, las autoridades británicas se reunieron, durante varias horas, para considerar la posibilidad de quitarle la custodia a la madre de Connor McCreaddi.
Ella, depresiva, declaró a la cadena británica BBC:
"Se niega a comer fruta, verdura, y ensaladas. Cuando se niega a comer nada más, tengo que darle lo que le gusta. No puedo matarlo de hambre".
¿No les parece todo esto surrealista?
En la carrera de Europa por alcanzar niveles de vida cada vez más saludables y civilizados, la sociedad busca cada día más al Estado como eterno salvador de sus desgracias cotidianas.
Pero, digo yo, ¿cuál es el límite? ¿Hasta qué punto nuestra vida privada puede ser competencia de los gobiernos? ¿Hasta qué punto los medios de comunicación deberían dar a conocer detalles como el siguiente?:
"(Connor) ha roto cuatro camas, seis tazas de retrete y cinco bicicletas" (ADN. 2-03-07)
¿Basta con el consentimiento de esta madre, o, en otros casos, de una parte de la sociedad, para que los problemas de una familia se den a conocer públicamente; para que todos nos hagamos cargo de algo absolutamente privado? ¿Para que el gobierno tenga que tomar partido?
Sé que para un niño de 8 años, pesar 89 kilos no es saludable en absoluto, y que debería recibir ayuda médica. Pero el hecho de que en algún momento se haya planteado la posibilidad de quitarle a su madre la custodia de Connor, por negligencia, me resulta asombroso.
Comenté este tema con otras personas (cosa que también me parece surrealista, en Pamplona, una argentina, una andaluza y una riojana, discuten la culpabilidad o no de la madre de un niño de North Tyneside-norte de Inglaterra- que pesa casi 100 kilos).
Algunas opiniones sugerían que, si la seguridad social la pagamos todos, debemos ocuparnos de que no haya nadie que, por propia voluntad o negligencia, ponga en riesgo su salud y nos obligue a gastar demasiado dinero para curarlo.
En ese caso no me sorprendería que dentro de unos cuantos años, cuando seamos aún más civilizados, el estado se ocupe pertinentemente de permitirnos únicamente cuatro cubatas al año, de hacer cartilla de racionamiento para el tabaco, de obligarnos a asistir a terapias de risa para liquidar el estrés y la angustia, y de ponernos a todos a dieta.
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22 de enero: El Mundo: “Tras ser retirada del prime time de los martes, Vientos de agua, naufragó como era previsible, en su nuevo horario del viernes (00.45 horas) al ser seguida sólo por 673.000 espectadores -11,9% de la cuota de pantalla. A esta serie la está matando el nerviosismo de Telecinco” (p. 61).

Muchos dijeron que la retirada de esta serie, primero del prime time, y luego de la programación, se debía a audiencias estúpidas que preferían Gran Hermano a Vientos de Agua.
Es una pena que todos creamos que la televisión es mala porque la audiencia es inculta. La televisión es mala porque no hay ganas ni arrojo para hacer televisión buena. Las cadenas pueden obtener el mismo share produciendo un programa mediocre de bajo presupuesto que uno excelente con mayor inversión.
Por lo tanto se decantan por aquello que les suponga arriesgar menos dinero. Así nos tienen, a base de basura, y aduciendo que “es lo que la audiencia quiere”.
Esta sentencia es un engaño y una vía para ocultar las verdaderas razones de la calidad nefasta de la televisión en España.
Es verdad que, como toda obra de Campanella, Vientos de Agua es bastante sensiblona. Aunque eso no es motivo para que no conecte con la audiencia española, como he tenido ocasión de leer, puesto que las películas de Campanella, igual de lacrimógenas, tuvieron una taquilla nada despreciable en España.
Seguramente la primera película argentina que se estrenó aquí en los últimos años, no reportó mucho dinero, pero si ahora el público español es consumidor de productos de ficción latinoamericanos, es gracias al empeño y el apoyo de productores, y sobre todo cadenas de televisión españolas como TVE 1 o T5, que supieron reconocer un producto de calidad. No ha pasado lo mismo con Vientos de Agua, el Prime Time es el Prime Time. Tal como pasa con los entrenadores de los grandes clubes, el asunto que no funciona cuando está en juego tanto dinero, debe ser retirado inmediatamente. Así se estrangula la maduración y se condenan a muerte los baches y altibajos que son naturales a cualquier empresa humana.

Por otra parte, y acerca de la telebasura, quiero agregar que yo tengo amigos MUY cultos, muy curiosos, muy informados y maduros, que consumen reality shows y programas del corazón. Creo que deberíamos plantearnos un poco más profundamente por qué tienen éxito, y no quedarnos en comentarios cliché. Es como cuando surgieron los Simpson y los que se erigían como la elite de la cultura y el buen gusto se quejaban de este programa. ¡Qué incultura! Pero señora, por favor, si los Simpsons son el mejor reflejo de nuestro tiempo.

Los programas de telebasura reflejan muchas cosas interesantes acerca de nosotros, por ejemplo, la pérdida de la soledad y de la intimidad en nuestros días. También quizá la pérdida de la identidad, la pérdida del rumbo y del reconocimiento. No nos cansamos de ver cómo interactúan 5 individuos encerrados en una casa, como si de alguna manera no fuésemos capaces de reconocer y entender nuestra propia interacción con los otros en el día a día. No dejen de tener en cuenta, que los fenómenos sociales como GH también nos hacen avanzar en cuanto a que nos hacen preguntarnos cómo y por qué somos así.

PD: Acá les adjunto un enlace a quienes quieran dejar su firma para la reposición de la serie. Ya van más de 3700.
http://www.petitiononline.com/5213ab2
servido por labelladurmiente
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