Venía caminando mojado, bordeando el Parque Centenario ahí donde hay tantos dinosaurios pintados de azul y verde sobre un muro.

Vi a la chica sentada en un banco rotoso a unos metros de la parada desvencijada del 146.

Imaginé que ella estaba de filantrópica, pues llevaba colgada al cuello una cámara de fotos vieja, y en la mano un cuadernito y un lápiz.

De modo que, en cuando apareció el colectivo me lancé de cabeza en busca de un sitio. Ella corrió detrás de mí, arrastrando todas sus cosas torpemente. Yo, le robé el asiento. No sabía que también ella estaba esperando.

La chica se arrinconó junto al chófer, sacó sus moneditas de un bolsillo, dispuso su banquito y se sentó. Parecía feliz allí junto al volante.

-¿No podés correrte?- dijo el colectivero.

-No puedo pasar con el banquito-

-Ahí molestás-

-Pero no puedo pasar-

-La gente te esquiva, ¿no ves?-

-Ya sé que me esquivan-

-Vos subiste cómoda-

-Ya sé que me esquivan, pero no puedo pasar con el banquito-

El colectivero meneó la cabeza. Al rato:

-¿Por qué no dejaste el banquito abajo? ¿No ves que molesta?-

-No lo puedo dejar-

-Llevalo en coche, acá molesta, te tienen que esquivar-

-No tengo coche-

-Flaca, subite a un taxi-

-No tengo taxi, no…-

-Pagá un taxi y que te lleve el banquito-

-No tengo plata, no puedo, no puedo llevarlo en un taxi-

-Y venís aca a joder a la gente por un banquito de mierda-

-Bueno tu silla también es de mierda. ¡Tu silla también es de mierda!-

-Acá no se puede subir con banquitos, le pedís a un amigo la próxima flaca-

-Yo no tengo coche, señor. No tengo taxi, ni plata, ni amigos. Lo único que tengo es un peso y un banquito, y quiero llevarlo a mi casa para sentarme a tomar mate sola, ¿entiende? ¿Me puede dejar, por favor, llevar mi silla en el colectivo, por favor?-

-Hacé lo que quieras flaca sentate donde…-

-¿Y sentarme acá en mi banquito y ver la lluvia y no escucharlo más a usted, señor? –

Silencio.

-Gracias. Me bajo en la próxima. Y quiero bajarme por adelante. Con mi banquito. Gracias-