Cuando vine a Irlanda me cambie el nombre. Queria saber que se sentia. No se siente nada.

O quiza es que elegi un mal nombre. O uno muy circunstancial. Todavia no se si me gustaria agregar pruebas a mi sentencia, desplazandome a un nuevo pais y eligiendome un nuevo nombre, menos impulsivo.

Lo que si se es:

Esta tarde estaba sentada en el jardin, fumando un cigarrito, y el gallo, que es todo un macho, se paseaba de arbusto en arbusto hinchando su plumaje irisado. De vez en cuando se detenia y me miraba, aunque los gallos mueven la cabeza asi y asa y miran tantas cosas que uno nunca sabe, cuando recibe la mirada del gallo, si realmente el nos esta prestando atencion o es un tic mas de su craneo punki.

Se supone que el gallo me miro. Y tuve unas ganas inmensas de que pasase algo fantastico, de que el gallo me dijese, alto y claro: Como te llamas?

Y me imagine a mi misma diciendole "Maria!".

Esto me hizo pensar en el porcentaje de verdad que hay en lo fantastico. Porque las cosas maravillosas o surreales parecen rodearnos de una especie de colchoncito de proteccion que es encantador. Creo que hay mas verdad en los entornos irreales. Entre tanta locura, uno no tiene miedo a decir quien es, a decir su nombre y su apellido sin preguntarse de donde vienen ni que representan.